Me llamo Pablo, tengo 10 años y vivo en Badajoz. Me gusta mucho jugar al fútbol. De hecho, ya juego en un equipo de mi ciudad, el Virgen de Guadalupe. Para mí el fútbol es una forma de hacer deporte, de estar con mis compañeros y también de aprender muchas cosas: trabajar en equipo, esforzarme y pasarlo bien.
Además, aunque voy a entrenar y a jugar, también voy bien en el colegio.
Hace poco mis padres me hablaban del circo. Me contaban que antes los circos tenían animales y muchas cosas diferentes. Pero esta vez iba a venir a Badajoz un circo distinto, un circo de artistas, de actores, donde lo más importante era el arte y el espectáculo. Cuando me lo dijeron me hizo mucha ilusión. Compramos las entradas y esperé con muchas ganas el día de la inauguración.
Pero ese día pasó algo que no entendí. Cuando llegamos, el circo estaba cerrado y no se podía entrar. Después dijeron que todo se iba a arreglar, así que este viernes volvimos otra vez con la misma ilusión. Pensé que por fin íbamos a poder verlo.
Pero tampoco pudimos entrar.
Yo no entiendo de las cosas de los mayores. No sé lo que es un permiso, ni cuándo algo está bien hecho o mal hecho. No sé quién tiene la culpa de que el circo no haya podido abrir. Y la verdad es que creo que a los niños tampoco nos importa demasiado de quién sea la culpa, porque no lo entendemos.
Lo único que sabemos es que somos muchos niños los que llevamos días esperando con ilusión poder ver el circo. Muchos niños que hemos vuelto a casa tristes después de pensar que por fin íbamos a disfrutar de ese espectáculo.
Por eso quiero pedir algo a los adultos, a las personas que toman las decisiones. Por favor, arreglen las cosas. Hablen entre ustedes, solucionen lo que tengan que solucionar, pero piensen también en nosotros, en los niños que solo queremos disfrutar de algo tan bonito como ir al circo.
Ojalá no tengamos que ir una tercera vez y volver a casa sin verlo.
Porque para los mayores quizá sea un problema más, pero para un niño la ilusión también cuenta.
Roberto Aguado