Debo reconocer que cuando supe que Colate iba a convertirse en presidente del Club Deportivo Badajoz, mi primera reacción fue de escepticismo. Pensé que todo respondía a una operación de imagen, a un movimiento pensado para dar notoriedad a un club que, por entonces, ocupaba demasiados titulares por sus malos resultados y por la incertidumbre que rodeaba a la entidad. Me imaginaba a una figura mediática que, desde Miami, aportaría publicidad y poco más. Sinceramente, no creía que su llegada fuera a cambiar demasiado la realidad de un equipo que despierta tantos sentimientos entre los pacenses.
Quizá me pudo el prejuicio. Pensé que sería un presidente de fotografías, de redes sociales y de apariciones puntuales. Alguien que prestaría su nombre al proyecto, pero que difícilmente iba a implicarse en el día a día del fútbol modesto, ese que se vive entre largos desplazamientos, campos de pueblos y una afición que nunca deja de estar al lado de su equipo.
Sin embargo, el paso de las semanas me ha obligado a rectificar.
He visto a un presidente que no se ha limitado a posar delante de las cámaras. Ha acompañado al equipo en sus desplazamientos, ha visitado pequeños pueblos, ha pisado campos muy alejados del glamour al que podría estar acostumbrado y se ha mezclado con jugadores, cuerpo técnico y aficionados con absoluta naturalidad. Se le ha visto celebrar las victorias, sufrir cuando las cosas no salían y vivir cada jornada como uno más. Y eso, independientemente de cómo termine esta historia, dice mucho de una persona.
Tuve ocasión de coincidir con él y aproveché para hacerle un par de preguntas. Antes le dije: «Presi, ¿podemos hablar?». Su respuesta fue inmediata: «Por supuesto que sí». Fueron apenas unos minutos de conversación, pero suficientes para percibir a una persona cercana, accesible e ilusionada con el proyecto que tiene entre manos. No encontré un discurso preparado para quedar bien, sino a alguien convencido de que este club puede volver a crecer.
Ahora bien, tampoco conviene lanzar las campanas al vuelo. En el fútbol, las buenas palabras y las buenas intenciones tienen un recorrido limitado. Al final, los proyectos se miden por los hechos y por los resultados. Será el tiempo quien diga si esta apuesta termina devolviendo al Club Deportivo Badajoz al lugar que merece.
Pero también creo que es justo reconocer cuando uno se equivoca.
Yo pensé que Colate llegaba para hacerse la foto y, hasta el momento, me ha demostrado lo contrario. Ha conseguido cambiar por completo la impresión que tenía de él.
Eso sí, presidente, tampoco se confíe. Después de haber rectificado públicamente, ahora me toca vigilarle. Con todo el cariño del mundo, sepa que voy a estar atento a cada paso que dé.
Y permítame terminar con una petición que, estoy seguro, comparten muchos aficionados blanquinegros: no nos falle. Este escudo y esta afición ya han soportado demasiadas decepciones. Si de verdad cree en este proyecto como parece demostrar, convierta esa ilusión en hechos. Porque el Club Deportivo Badajoz se lo merece. Y su gente, también.
Roberto Aguado